EL AUTOR

Estoy convencido de que el autor no debe situarse ante las puestas en escena de sus textos en la posición del juez que emite sentencias. Debe, en la medida de lo posible, acudir al espectáculo como un espectador más.

Como un espectador más, asistí a la representación que de “El chico de la última fila” ha hecho la compañía La Fila de al Lado. Y como tal disfruté mucho de su trabajo y lo aplaudí con ganas. Víctor Velasco ha conseguido levantar un montaje intensamente teatral, tan sencillo como complejo, tan inteligente como lleno de humor. Para ello ha contado con el buen hacer de Samuel Viyuela, Miguel Lago Casal, Olaia Pazos, Natalia Braceli, Rodrigo Sáenz de Heredia y Sergi Marzá. Siento gratitud hacia todos ellos por la hermosa velada que me hicieron pasar. También por haberme ayudado a comprobar, una vez más, que un texto puede saber cosas que su autor desconoce: que un buen actor puede hallar en un personaje luces o sombras ignoradas por el dramaturgo; que un buen montaje puede descubrir en una obra sentidos ocultos para quien la escribió.
Quien la escribió, por cierto, fue profesor de secundaria, como lo es Germán, ese hombre al que vemos al principio de la función corrigiendo las redacciones escritas por sus alumnos bajo el título “Mi pasado fin de semana”. Cada una le parece peor que la anterior. Hasta que llega a sus manos la de ese chico silencioso que se sienta en la última fila. El profesor tendrá que leerla varias veces para convencerse de que sus ojos no le engañan. A partir de esa sorprendente redacción, entre el adulto y el muchacho se establecerá un vínculo tan intenso como peligroso. Peligroso para ellos y para quienes les rodean.

“El chico de la última fila” es una obra sobre maestros y discípulos; sobre padres e hijos; sobre personas que ya han visto demasiado y personas que están aprendiendo a mirar. Una obra sobre el placer de asomarse a las vidas ajenas y sobre los riesgos de confundir vida y literatura. Una obra sobre los que eligen la última fila: aquella desde la que se ve todas las demás.

Juan Mayorga